La mercantilización de una movilización, eso es lo que es la fiesta del
Orgullo Gay en Madrid.
De reivindicación a fiesta extrema, al carnaval etílico y al consumo brutal en la calle cuando los poderes públicos dictan que puede hacerse. Una
reivindicación mercantilizada donde
unos cuantos empresarios sacan tajada y nos dicen luego que es bueno para la ciudad. Lo de
La noche en Blanco es otra puta vergüenza:
el espacio público es procomún, de todos, no para que te digan cuando puedes usarlo.
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