Pocos curros más ingratos que el de
comercial de ONG despiertan en mi tantas ganas de repartir mamporros como en esta escena clásica de
Aterriza como Puedas. En el resto de la lista se encuentran los
teleoperadores que acosan desde subcontratas y los
camellos de mi barrio, que son de un nivel brasas que no os podéis ni imaginar.
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