domingo, 19 de mayo de 2013

Cada guitarra tiene una historia, y siempre es única.


Cada una tiene una historia, y siempre es única.

La española fue de mi padre, pero no era la suya buena, la suya se la robaron en un curso que daba de música a chavales, mucho antes de que yo naciese, en una de estas cosas de movidas de rojos en las que estaban metidos él y mi madre (sí, 15emeros, estas mierdas que hacemos no son nuevas) Se quedó muy jodido y un amigo, que la vida luego lo devolvería a mi mundo como profesor universitario y tío de una amiga mía, le regaló una de sus guitarras. Esta es la que yo heredé.

La española (re) apareció en casa, tras salir del trastero, un día que mi hermana pequeña estaba aprendiendo los acordes de Satisfaction con mi padre. La verdad es que nos picamos. O yo me piqué y dije A VER.

y ASÍ HASTA HOY CON ELLA.

Cuando vi después de muchos años a la persona que le regaló esta guitarra -hace más de 30 años a mi padre- el mismo día de 2003 que este acababa de fallecer y venían todos a casa a vernos, en mi cabeza solo estaba enseñarle este trasto. Él no se acordaba de la anécdota. Como veis, cada guitarra tiene una historia, y depende de quien la vive, con mayor o menor intensidad.

La Samick eléctrica es un modelo de guitarra mala alemana, de estas que cuestan 30.000 ptas. Gama baja. Mola para hacer punk guarro. Se la compré a un amigo por 10.000 pts en el verano del año 2000, con parte de mi primer sueldo como vigilante/conserje. Mi colega quería pillarse una de 50.000, le faltaba el dinero, y yo no tenía eléctrica (tocaba con la de un amigo que me había dejado) Por 10.000 ptas creo que fue una buena compra porque, siendo sinceros, aprender a tocar con un cacharro de estos curte.

La adoro, aunque suene como el infierno. Gracia a ella acuñé esta terrible frase que nos me da muchas risas  "para que tocar bien si va a sonar mal, y va a sonar igual de mal igual que si tocase bien".

En 2007 dejé de tocar de manera regular al mudarme de casa de mi madre a mi vida como emancipado, no sin antes desvirgar a la Samick en un directo punkarra. Misión cumplida. Ya sonó delante de gente.

Toqué de manera esporádica en casa, para recordar canciones, pero no con la regularidad diaria que tuve hasta entonces.

La Samick ahora va camino de casa de una amiga, para que no deje de sonar nunca.

Ahora, en 2013, me he comprado una guitarra nueva. Gama media. Otra vez mi amigo que me dejó la primera eléctrica me ha ayudado a elegir modelo y a darle forma a nuevas ganas de hacer cosas. La historia de esta guitarra está por escribirse.

2 comentarios:

Yota dijo...

Precioso texto.

Yo tengo todavía que pillarme un bajo nuevo :(

Samu dijo...

Ánimo con las cuatro cuerdas!