sábado, 25 de marzo de 2017

Fanzines: Eventos grandes y pequeños. Sobre lo sucedido este año con FICOMIC y las negociaciones colectivas.

Son muchos años ya haciendo fanzines con mis compañeros de Grupo Rantifuso (y supongo que serán unos cuantos más) Doce, para ser exactos. Y acudiendo a todo tipo de ferias y encuentros, desde jornadas vecinales a festivales masivos de público. En todo este tiempo he visto cambiar mucho el sector y la percepción de los fanzines y autopublicaciones, tanto por parte del público, como de los eventos y hasta de las mismas empresas y agentes (personas, asociaciones etc,) que (algunos, mal) viven del sector del cómic. Sirva este post, espero, para poner en contexto a muchos lectores y aficionados, sobre lo sucedido los últimos años con las grandes ferias y la eclosión de eventos pequeños dedicados a la autoedición.

Fanzines. Somos familia. Un breve speech personal. 

Cuando empecé con mis compañeros de Rantifuso, que a la larga no solo se han convertido en mis amigos sino también en parte de mi familia, hacer un fanzine era para nosotros algo extraño y a la vez vital. Veníamos de una escuela de dibujo, nos acababan de dar la patada en el culo y nos sentíamos abandonados. Nos caíamos bien, había afinidad en lo que leíamos, la música que escuchábamos, nos gustaba dibujar. No pensaba que el viaje iba a ser tan largo y satisfactorio, con momentos de gran alegría, otros de profunda tristeza y, sobre todo, de aprendizaje. Sin mis amigos y amigas de Ranti es posible que yo no fuera la persona que soy ahora. Trabajar con ellos es y sigue siendo un proceso pedagógico en el que hemos aprendido a cuidarnos, a superar conflictos en base al diálogo, crecer entendiendo lo que es formar parte de un grupo o colectivo y practicar dinámicas asamblearias y de trabajo horizontal hasta llegar al punto de poder poner en marcha, junto con otros compañeros de viaje, procesos de negociación colectiva con grandes eventos. Huelga decir que hace 12 años ni todos los miembros ni el grupo mismo podía entenderse como una herramienta con todos sus componentes politizados, pero sin duda la semilla estaba ahí.

No somos perfectos. Yo soy una persona que ha cometido muchos errores y generado conflictos. Trabajar y pensar de una forma no te convierte de manera automática en el poseedor de la verdad absoluta. Tardé mucho tiempo en aprender esto. También sé que hay quien no piensa de esta forma. No puedo hacer nada para cambiarlo. Hay quien se considera poseedor de la solución milagrosa o perfecta para lo que sea, sin posibilidad de debate o punto de consenso. Ok. Puedo vivir con ello.

Me he granjeado malas relaciones en el pasado por roces y peleas que ahora, aunque me gustaría pensar que quedan en anécdotas, sé que siguen pesando en mi trayectoria vital y en la manera en la que se me percibe; por desgracia eso se lleva por delante a mis compañeros. Durante muchísimos años mi nombre, tal vez porque en los primeros momentos (ya no) me encargaba de gestionar toda la comunicación y presencia de nuestro proyecto (y era quien más trato tenía con muchas personas, tanto en el entorno virtual como en el real), terminó asociándose mi manera de ser, pensar y actuar al grupo entero. Si algo lo decía yo, lo decía todo Rantifuso. No era ni es así. He seguido cometiendo errores en momentos muy recientes: aún me pesa una escena bochornosa hace un par de veranos tras un evento por la cual no solo he pedido perdón mil veces a los afectados, sino que lo seguiré haciendo a quienes hice daño las veces que haga falta.

Pero como decía, somos familia. Mi grupo me ha cuidado de la misma manera en la que yo les he cuidado a ellos. Y gracias a eso hemos llegado hasta aquí, a 2017, unidos y viendo cómo ha cambiado todo tanto que es irreconocible para mi yo de hace más de una década. Cierto, he cometido errores, pero lo que yo considero aciertos pesan más en el cómputo total.

Eventos. Cómo estaban. Qué eran. Qué se había logrado hasta entonces.

En los primeros 2000 hacer fanzines de cómics ya no solo era realizarlos en fotocopias grapadas. Muchos otros antes que nosotros ya editaban sus tebeos con gran calidad, en imprenta, con papeles de buen gramaje, encuadernaciones fresadas y cosidas (e incluso en offset). No inventamos nada. Las herramientas ya estaban ahí para poder desarrollar el proyecto que nosotros queríamos hacer. Es más, ya existían maravillosos precedentes de colectivos de fanzines que se organizaban a modo de auto distribuidora o algunos en solitario que se atrevían a asaltar el Palacio de Invierno (distribuidoras 'oficiales' mediante) para llegar a todas partes del Estado. Algunos de estos ejemplos siguen en activo, otros desaparecieron o mutaron, los menos, se han profesionalizado siendo para mí un ejemplo de verdadero éxito en el que que poder, quien lo desee, inspirarse.

Los fanzines (el tipo que sea) han existido unidos siempre a las corrientes contraculturales y de acción contra el sistema en la mayoría de los casos. Su espacio natural era, hasta hace bien poco, CSOAs, espacios libertarios, salas de conciertos, bares, asociaciones, librerías, etc. Entonces, qué mejor forma de hacer frente al sistema dentro del sector del cómic que hacer fanzines, fuera de los mecanismo de control, y llegar a los lectores de los mismos cómics de ese propio sistema. Los eventos de cómic eran (y siguen siendo) el mejor lugar para posicionarte con ello. Lo he dicho muchas veces citando a uno de los maestros: para mí el medio es el mensaje. Pero entiendo que no todo el mundo comparta esta reflexión, muchas veces por desconocimiento, otras por oposición a estas ideas.

Acudir con tus tebeos 'autoeditados' (esta palabra no ha estado siempre en boca de los agentes del sector, mucho menos el concepto de autogestión por su mayor connotación política) a las ferias de cómics del Estado era una estupenda forma de mover tu trabajo. Pero antes ni había tantas ferias ni se percibía a los fanzines como ahora. Es más, no siempre los grandes eventos tuvieron espacio para los fanzines entre sus expositores.

Antes que nosotros, otros, algunos ahora profesionales en editoriales extranjeras, pelearon por hacerse ver en estos eventos hasta que se logró un espacio para ellos. Lo lograron acudiendo con sus mochilas, vendiendo en los pasillos, generando molestias a los organizadores, presionando. La historia dice que al final estos eventos decidieron 'regularizar' la situación de los fanzines aportándoles un espacio propio en sus ferias. Que tampoco eran muchas. Hablo de una: el Salón del Cómic de Barcelona, que en verdad debería ser sentido como el salón de todos y para todos, aunque gestores, participantes y agentes culturales desde hace muchos años tienen una batalla abierta sobre cómo debe ser ese evento.

Nosotros solo llegamos en un momento en el que otros ya habían hecho el trabajo sucio. Ya existía un espacio para lo que hacíamos en estas ferias. Y, como suele suceder en los procesos históricos, nos olvidamos, o aún no sabíamos, que las luchas del pasado son las que nos han otorgado los derechos actuales y que se debe seguir presionando no solo por mantenerlos sino para aumentarlos.

De bien a mal, como suele pasar.

En un momento dulce del cómic patrio en lo que se empezó a llamar 'la normalización' vimos una eclosión brutal de ferias. No solo réplicas del Salón de Barcelona, sino que con escasos 10 años de diferencia, ya a finales de los 90, aparecían otros eventos que aspiraban a ser masivos. Esta normalización acuñada gracias al concepto 'novela gráfica' hizo que apareciesen también ferias en muchas Comunidades Autónomas a partir de los mediados de la primera década del 2000. Ninguna capital de provincia sin su evento de cómic, bromeábamos alguna vez en Rantifuso sobre esta eclosión de eventos con aspiración masiva. Algunos perduran, otros no han vuelto a realizarse, los menos están fuertemente consolidados y son referentes con su propia idiosincrasia. Se ampliaban las opciones a acudir a ferias. Nosotros fuimos a muchas de estas en nuestros primeros años como grupo. Muchos viajes. Rantitours los llamábamos. En algunas se daba por hecho que los fanzines tendrían su espacio, otras cobraban unos precios exagerados por una presencia de público que auguraba pérdidas notorias. Al igual que nosotros, muchos fanzines se han ido moviendo estos últimos 10 años por estas ferias. Tienen un gran potencial local. Permiten a los creadores de fanzines acceder a mucho público de su zona y asegurar la supervivencia de su proyecto.

Recordemos que un fanzine es una publicación sin ánimo de lucro (otra cosa son los egodólares que se pretendan ganar haciéndose ver con un fanzine) y que la venta del mismo es lo que asegura la tirada del siguiente ejemplar. De manual. Si logras que el fanzine se pague solo ya has tenido todo un logro. Hay muchos que conseguimos eso y es una gran satisfacción porque significa que tu trabajo en mayor o menor medida funciona.

Los eventos masivos con gran afluencia de público no solo se convirtieron en el espacio en el que hacer rentables en el sentido de supervivencia nuestras publicaciones, sino que solo en ellos es donde podían verse multitud de diferentes expresiones y estilos. Desde el fanzine de cómic de superhéroes, estilo europeo, manga, temática erótica y pornográfica de diferente índole, textuales etc. Y la gente los compra. Nos compra. Llegamos a un público que busca, digámoslo así con estas palabras: 'mainstream alternativo' en estas ferias. Y con unos precios que son reales, justos y populares. Los precios de estos fanzines están ajustados para que aseguren la recuperación de la tirada y en algunos casos pagar viajes y alojamientos. No suele haber, por lo general, precios inflados; digamos que nos saltamos la regla de multiplicar x 18 el precio de impresión que podemos ver en los tebeos editados por empresas. Es una de las ventajas y a la vez inconvenientes. Hay que vender bastante tirada para hacer la siguiente, pero esta se vende por lo que muchos podemos seguir trabajando. Se vende bien en estos eventos y por ende se acude a ellos. No se vende tanto en otros eventos locales, pero los ingresos que se obtienen de los eventos grandes permiten que te puedas mover por el resto del Estado. Sin ganar un duro, lo comido por lo servido: autogestión a la mínima, sin ganancias (porque entonces ya hablaríamos de otro tipo de proyectos y no de fanzines).

Y entonces, ¿qué empezó a fallar? Considero que una suma de diferentes golpes directos provenientes de muchos frentes. Por un lado la crisis económica, por otro la mutación del Salón del Cómic de Barcelona a un salón internacional con aspiración de comic-con que luego se replicó en otros eventos masivos, la salida de estos eventos de muchas librerías y editoriales siendo sustituidas por tiendas de merchandising, temáticas erráticas con aspiración familiar que no son del gusto de todos, etc. Y nosotros nos empezamos a quedar sin espacio. En Barcelona, en Madrid, en muchos masivos se nos iba desplazando. No siempre hubo buena visibilidad en ellos, ni los precios que se pagaba en estas ferias acompañaban la realidad de calidad- precio. Pero lo gracioso es que el gran público, los lectores de todo tipo de cómic, desde superhéroes a novela gráfica o manga (si es que hay que hacer distinciones) siguen acudiendo a estas ferias a pesar de los problemas que tenemos todos con sus organizadores. A poco que rasques, compartas una cerveza o amistad, cualquier agente del sector te contará innumerables problemas con los gestores y organizadores. La solución que buscaron algunos, como empresas o proyectos con otras aspiraciones, fue montarse otros puntos de encuentro donde sentirse cómodos. Justo, legítimo.

Hubo más problemas, y nosotros empezamos a notarlos en Madrid. Que FNAC 'contraprogramase' firmas de autores con el Expocómic suponía para los lectores una dualidad sencilla: por qué ir a un evento si en una tarde puedo ver al autor que quiero en este centro. Ahora estas jornadas también se realizan en Barcelona. Y ambos eventos colaboran con esta empresa. Algo muy loco, pero ellos también buscan supervivencia. El origen de las jornadas de la FNAC deberían contarlo quienes las gestaron, y sobre todo qué había detrás de la idea de hacer estas contraprogramaciones. Tampoco roban mucho público a los grandes eventos, pero generan un clima de cisma muy interesante de valorar. Una vez escuché a un autor decir que gracias a él que acudía a los eventos grandes y no solo a esas firmas a mí me compraban fanzines. Me quedé con ganas de darle esta réplica: esta persona que ha venido a verme hoy a mí y lleva tu libro bajo el brazo no sabía quien eras pero te ha descubierto y comprado justo por venir a visitarme. Cierto, casualidad o causalidad, sin correlación. Pero me quedé con ganas de dar esta respuesta. Quise ser elegante y no entrar en una discusión aquel día.

¿Qué quiero decir con esto? Que somos un ecosistema muy frágil y se está desmoronando por mucha vitalidad que se quiera vender.

Problemas por todos lados. Una única solución: negociación colectiva.

Al problema del espacio en los eventos grandes se suma la fragilidad del sector junto con el espacio legítimo que buscan otros creadores y proyectos en sus propios eventos. Pero el que nos afecta a nosotros en primera instancia dentro de toda esta problemática es el del espacio. Y la solución pasó por la negociación colectiva con las organizaciones de las grandes ferias.

Para poder seguir existiendo muchos fanzines, autoeditores, etc (llegados a este punto del texto creo que da igual como se mencione siempre que se entienda que no hay ánimo de lucro) y que seguimos teniendo nuestro público en estas ferias nos vimos en la necesidad de plantar cara ante determinadas situaciones. La principal era el problema del precio de los stands y sus ubicaciones. Otra era nuestro sentido dentro de estas ferias. Si has llegado hasta aquí buscando chicha, es ahora cuando empieza.

Hasta hace no mucho los malestares se resolvían de forma catártica en forma de quejas airadas en blogs, en corrillos, en redes sociales. Todo mal, decíamos todos. Hubo quienes ante esta situación plantearon sus propios encuentros, lugares donde tener su espacio. Desconozco cuantas personas y organizaciones han hablado y expuesto negociaciones con los gestores de grandes eventos como hemos hecho nosotros, supongo (espero) no haber sido los únicos. Y eso no nos hace mejores ni peores. En nuestro caso demuestra que decidimos tomar el camino de defender lo conseguido por colectivos anteriores y mejorar la situación a la que nos enfrentábamos. Muchos compañeros de fanzines ya habían dejado de editar su material cuando tomamos varios grupos esta decisión. Se habían cansado, como se cansaron otros antes que ellos. “A la mierda, esto no hay quien lo arregle”. 

Estas negociaciones colectivas parten siempre de la premisa implícita pero no expresada (aunque entendida) del posible plante generalizado, con el consabido malestar que generaría dentro del sector en todo su conjunto abriendo muchos debates. ¿Y sabéis que pasó? Que hasta ahora han funcionado. Hemos dado buena cuenta de ello varios grupos en nuestros respectivos medios y redes los últimos años. A los éxitos logrados en Madrid entre varios colectivos acudiendo en bloque a negociar (e incluso a gestionar la contratación juntos en última instancia) consiguiendo ser interlocutores válidos con la antigua organización hay que sumarle que el abandono de muchos stands en Barcelona en pasados años hizo que finalmente FICOMIC accediese a hablar con nosotros para plantear mejoras y escuchar posturas. Y se lograron algunas. Un primer paso. Unas mejoras, en Madrid y Barcelona, siempre buscando que sean extensibles a sus salones respectivos de manga, cosa que sí se cumplió en Madrid pero no del todo en Barcelona. Pero te puedes sentar con ellos, puedes plantear cosas, no solo por correo, sino en grupo, con portavoces presenciales y mejorar todo lo que está pasando.

Siempre hay una puñalada trapera. Este año en Madrid tras un duro trabajo y con unas condiciones comentadas se nos terminó desplazando de sitio en la última semana, siendo esto algo que nos dejó sin margen de maniobra. Nos supo a gol por la escuadra. Pero los precios eran los que hablamos con ellos, las condiciones se cumplieron en mayor medida, y muchos de los que no participaron en estas negociaciones luego se vieron beneficiados. ¿No os suena? Es el pan de cada día y hay que asumirlo. Sin duda estábamos mejor con los anteriores gestores tras nuestras conversaciones con ellos, pero siempre se puede seguir trabajando.

Tampoco se piden unos máximos y mínimos inasumibles a quienes organizan estos eventos. Son sencillos: mejor ubicación y saber dónde se nos va a colocar (Madrid lo ha cumplido casi siempre) , precios ajustados a la realidad de quienes estamos contratando con dos modalidades de stand, la famosa mesa y el cubículo, sumado a la presencia en el evento con actividades. Nos consideramos parte del sector y sin duda aportamos contenido real de cómic a estas ferias. ¿Por qué no aportar también contenido extra? Muchos lo entienden.

Con FICOMIC este año cometimos un error. Nos relajamos todos los que el año anterior habíamos plantado cara. Cierto es que había dos precedentes: no logramos todo lo que queríamos el año pasado y no respetaron la condición de no volver a hacer espacios en U en su pasado Salón del Manga. Y por triste que parezca, aunque muchos fanzines de manga querían realizar una acción contra Ficomic, no tuvieron consenso y tragaron. Igual que nos ha pasado este año a nosotros. Sigue la chicha.

Este año hemos hemos sufrido silencio administrativo por parte de estos gestores meses después de haber pagado la contratación de nuestro espacio. Un silencio que se rompió porque un compañero de zona comercial nos pasó el plano del evento donde no salíamos ubicados. Tuvimos muy poco margen de tiempo para organizarnos en bloque y ver qué demonios estaba pasando. Nos habíamos relajado, dábamos por hecho que los acuerdos del año pasado se iban a respetar y veíamos que nos colaban otro gol en el último minuto.

FICOMIC este año nos desplazaba a otro pabellón junto al Artist Alley (otros damnificados), consolas y asociaciones. Tuvimos que organizar rápido un documento de máximos y mínimos, elaboramos un plano alternativo donde se mejoraban las ubicaciones, etc. El plano se interpretó, por cierto, como una falta de respeto hacia quienes trabajan "muy duro" en el evento. La falta de respeto es que en una noche uno de los compañeros del grupo pudiese realizar una alternativa tanto para fanzines como autores respetando las distancias de seguridad. Vamos, que nos desplazaban porque querían, no porque no hubiese más remedio. Nos reunimos con ellos, los portavoces del grupo hicieron su trabajo y FICOMIC interpretó su papel. A las pocas mejoras que hemos logrado este año, más espacio en los stands y posición de separación entre autores nos regalaban una ridícula nota de prensa donde se curaban en salud, nos prometen que los precios se mantienen congelados para Manga y Cómic y que si alguien no desea contratar está en su derecho y nos devolvían el dinero. Estaba claro, el plante generalizado era la opción, ¿no?

Pues no.

Si bien en el grupo de trabajo se expresó la voluntad de todos de que la decisión colectiva se acataría si se decidía no ir en bloque había un problema muy serio: varios fanzines pertenecemos a otras Comunidades Autónomas que ya habíamos reservado con meses de antelación el transporte y el alojamiento. Muchos de esos colectivos hemos pagado ese dinero con las cuentas de nuestros proyectos (lo que os indicaba arriba, lo comido por lo servido) y es imposible su devolución. Un dinero que nos permite seguir editando que vemos ahora esfumarse en un viaje que no nos va a ser rentable porque estamos apartados en una zona de escasa afluencia de público. Se respetó la decisión de quien no quisiera contratar pero ante la gravedad de la situación solo nos quedaba tratar de salvar los trastos y no volver en números rojos este año. Va a ser un evento muy amargo.

“La solución es ir a otros eventos, mandad a la mierda a FICOMIC”

Estos días se han leído y escuchado soluciones de todo tipo. Algunos hasta con cierta mofa acerca de lo sucedido o lo malo que es el evento en la actualidad. Es doloroso verlos escritos por parte de gente del sector. Bueno, ya dije al principio que nadie es perfecto. Esas soluciones y comentarios, claro, siempre vienen desde fuera, de gente que no conoce esta realidad o solo conoce la suya propia y no le interesa lo más mínimo lo que le sucede a una parte del ecosistema.

La realidad es que el público acude encantado a estos grandes eventos porque a cada año que pasa el trato que reciben y la oferta que encuentran es mejor (otra cosa es que no sea a gusto 'del mundillo'). La realidad sigue siendo que en estos grandes eventos muchos fanzines seguimos realizando las ventas suficientes como para mantener en pie los proyectos en los que nos encontramos inmersos. La realidad es que un Salón del Cómic no puede prescindir de una parte de su ecosistema como son los fanzines y los autores que acuden a la carpa de artistas. Somos currantes, seguimos teniendo bien claro cual es nuestro sitio, cuales han sido los derechos que se ganaron y que hay que pelear por ellos. No, la realidad no pasa por abandonar de golpe y porrazo nuestra presencia en estas ferias.

Al calor de la normalización muchos autores y fanzines han encontrado otros hábitats donde desarrollarse. Hay abierta una separación entre (ojo con la denominación) 'fanzines comerciales' y 'fanzines de autor' que coexisten sin tocarse en el mismo margen de la industria. Para estos segundos han nacido muchos eventos idóneos para sus propuestas. En algunos de esos eventos coincidimos. En otros no. Los motivos pueden ser muy variados: que se realicen cerca de donde vivimos, que la previsión de asistencia asegure una recuperación de la inversión de la mesa y viaje, etc. En verdad los precios no son muy diferentes a los de Madrid y Barcelona. Mientras que en estos eventos grandes en la actualidad tres (dos este año en Madrid) y cuatro días en Barna nos cuestan (tras pelear mucho) 125 euros, en eventos pequeños dedicados a la autogestión y autoedición alternativa, los que necesitan cobrar las mesas por temas de alquiler, aún existiendo diferentes precios, estos no son muy diferentes si hacemos el porcentaje precio x día. En verdad ahora mismo este tipo de eventos son igual de baratos (o de caros, según quiera mirarlo quien contrata) que los masivos.

Entonces la solución es la que nos daban desde fuera, ¿no? No ir a las ferias de FICOMIC. Ir a otros espacios.

No.

Mientras que a un evento de público masivo llegamos a multitud de lectores, en estas otras ferias o encuentros las ventas son más reducidas, por lo que el margen de maniobra y supervivencia es pura matemática. La viabilidad para muchos proyectos de autogestión o autoedición dentro de las pequeñas ferias alternativas es imposible. Hablamos de que muchos colectivos hacemos tiradas de 1000 o 500 ejemplares de nuestros tebeos. Algunos acuden con 5 novedades de tiradas de 100. No se vende tanto ni en un salón grande ni en un evento alternativo pero la rentabilidad en los primeros la tenemos asegurada. Siempre que nos ha sido posible hemos acudido a este tipo de ferias alternativas, desde sus inicios, como decía. ¡Si hemos ido hasta a jornadas vecinales pasándolo estupendamente y vendiendo fanzines! Pero nos siempre se pueden hacer viajes a otras Comunidades. No siempre se puede. A este problema se suman otros; por ejemplo, si existe una curación de contenidos previa antes de formalizar las contrataciones puedes encontrar con que tu propuesta no tiene espacio finalmente o que aunque contrates un espacio tu fanzine de YAOI no encuentre el público adecuado en un evento pequeño de 1000 asistentes.

Sí, existe público. Está en las grandes ferias. Debemos luchar por nuestro espacio y reconocimiento en ellas. 

Esta realidad es complementaria pero no sustitutiva. Para muchos grupos y colectivos los pequeños eventos de autoedición son un lugar genial donde ser descubiertos por un público que acude buscando algo muy específico y se lleva sorpresas con nosotros, pero solo a modo complementario. No hay una viabilidad real para nuestros proyectos apoyándonos solo en estos encuentros. La supervivencia se encuentra en los grandes porque, mal que le pese a unos y a otros, es ahí a donde va la gente. En el lado contrario, quienes trabajan en esos pequeños eventos y realizan sus propuestas artísticas sienten que no tienen espacio en las grandes ferias que son las que dan gran parte del sustento porque la patronal del cómic se reúne en ellas y no les deja espacio. Eventos a los que recuerdo; acude el público.

Público que no se debe menospreciar por ir disfrazado de sus personajes favoritos o por su juventud. Esas personas son nuestros lectores. Creo que es hermosa esta anécdota: cuando un compañero de fanzines coincidió con unos autores patrios hablando del público que acude a los grandes eventos (en un tono no muy amigable que se resume en el famoso 'es que esta gente no es mi público') él les mostró las redes sociales de una persona que podría haber sido objeto de sus comentarios y donde recomendaba justo sus últimas novelas gráficas. Es irónico, en el sentido socrático del término, entendedme.

Siento que nuestro ecosistema es frágil porque tiende a atomizarse como he relatado a lo largo de todo este texto, olvidando muchos que es la lucha colectiva la que lleva a obtener logros en los grandes espacios de nuestra vida. (Político, conflictos laborales, cómics, el que sea.) Es frágil también porque parece que no importa que a unos les vaya mal mientras a uno solo le vaya medio bien. Siento que es frágil porque no existe cohesión en la búsqueda de objetivos.

Me reconforta saber que actualmente varios compañeros de viaje tenemos muy claras las ideas, sabemos que la lucha y la negociación colectiva es el camino para mejorar todo lo que está pasando y, aún sufriendo derrotas, no vemos perdida la guerra ya que a este duro trabajo se van sumando más fanzines a cada acción que realizamos por mantener y mejorar lo que otros consiguieron antes en nuestro lugar.

¿No es tan difícil de entender, verdad?

4 comentarios:

Charlie Gurrupurru dijo...

Lo has expresado clarísimamente. Mucho ánimo en vuestra lucha.

Samu dijo...

Gracias Gurru.

Anónimo dijo...

Soy un antiguo fanzinero (de los que no destacó, pero bueno) y ante todo lector de cómics. Bueno, teniendo en cuenta que el cómic es cultura y entretenimiento debería ser algo normal ser aficionado al cómic, pero bueno. Al grano:

Yo era de los que iba varios días al Salón del cómic y disfrutaba de la interrelación tanto con autores de fanzines (la mayoría, grandes compañeros y algunos hasta amigos) como con la interrelación con autores famosos (que aunque la brevedad de una firma no daba para mucho siempre podías hablar de algo y aprender de lo que te decía, aunque muchas veces las respuestas fuesen más condescendientes que otra cosa, pero bueno). Después de mucho tiempo desconectado decidí acercarme al Salón del Cómic para vivir esa magia de antaño y fue desolador: no sólo me encontré a apenas 3 compañeros de los que prácticamente no tenía nada qué decirme, sino que el Salón en sí dejaba bastante que desear. No sé, ocupaban el espacio con coches y otras frikeces y con salas de videojuegos. Y bueno, tema firmas iba muy perdido, yo era de los que consultaba entrecomics o la cárcel de papel para saber qué autor firmaba en qué stand, ese año no obtune ninguna información en lo que vendría a ser el propio salón. En definitiva, sentí decepción y sentí que ya no pintaba nada allí. Para leer autores profesionales basta con irse a una tienda. Fanzineras era difícil saber dónde estaban.

Los fanzineros siempre hemos sido "los gitanos" de la venta en el salón del cómic. Se puede ver como una manera de generar vidilla o como una manera de acosar al público. Quiero decir, habían los que venían embriagados de cachondeo y los que intentaban evitar esa zona. Quizás por eso Ficomic prefiere meterlos en un getto en forma de U. Pero, obviamente, el origen del fanzine es el poder expresar sin tapujos el arte de cada uno. Casi diría que son 'books profesionales' que poder enseñar a editores. Ese es el sentido útil que le doy a los fanzines y por lo que me gusta consumirlos. Obviamente, al ser autoedición, no hay filtros de profesionalidad y te puedes encontrar muchos truños, lógico, y de ahí el desprestigio del sector. Pero por otra banda te encuentras nuevos autores buenos o autor consagrados que hacen buena obra pero que no la hacen para una editorial concreta. No sé, libertad artística es lo bueno del fanzine. No pensar en si el proyecto es perfecto por no ser rentable, ser un proyecto bueno y punto, a precio de todos los bolsillos. Porque arriesgar a comprarte algo mediocre a bajo precio no es grave, pero hacerlo de un tebeo de 18€ es demasiado arriesgado.

No entiendo por qué Ficomic no apuesta por todo ello: ¿es más fácil esperar a que triumfen en el estrangero y editar obras que han tenido éxito de ventas en el extrangero? ¿es más fácil que invadan el Salón proyectos que pueden dejar más pasta por un stand aunque no tengan nada que ver con el cómic (cine, comida, tecnologías, etc)? ¿Da igual que el salón sea de cualquier cosa mientras entre gente a entretener la vista? ¿el éxito es la afluencia de público y no la difusión del cómic en sí? En fin, entiendo vuestra frustración.

Si me permitís se me ha ocurrido una idea: Molaría que hubiese alguna especide de "concurso" o llámesele como se quiera, en que los autores fanzineros envíen cómics, un grupo de profesionales los lea y seleccionen las mejores obras y las publiquen. Una especie de "Lo Mejor en fanzines de 2018" por decir algo. Obras cortas, pero bueno, sería una buena plataforma y por otra banda ya sabrías qué comprar. No es fácil, lo sé, pero por imaginar... Molaría ofrecerles esta idea a Ficomic o a alguna editorial o qué sé yo.

Samu dijo...

Hola, muchas gracias por leerlo.
Cuando pase el Salón y hayamos hablado en presencial los componentes del grupo de trabajo de las pasadas negociaciones supongo que informaremos de más acciones.
Muchas gracias por tu comentario.
Y si te pasas por el evento no te olvides de ir a decirnos hola a la zona de fanzines.
:)