domingo, 22 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

Si no sufriese la presión constante de saberse secuela de una cinta de culto y se ahorrase tantos momentos de intensidad forzada (y forzosa) pretendiendo ser más de lo que llega a ser, Blade Runner 2049 sería mejor película.

Tiene estupendos aciertos formales (fotografía, composición de planos, score) y de contenido (el discurso de 'qué es el alma' llevado ahora al terreno de las IAs que en la original no se planteó) junto a momentos de vergonzosos y burdos subrayados de lo que está sucediendo en pantalla (¿de verdad era necesario ese flashback explicativo para darle la vuelta al macguffin en el tercer acto?).

Expande el mundo de Blade Runner, juega con lo conocido, recurre tal vez demasiado al guiño (entendido dentro de la continuidad orgánica de la película por un 'han pasado solo 30 años', como por ejemplo los modelos replicantes de placer -la prostituta con aspecto similar al de Pris- o los replicantes con fuerza extraordinaria (impagable la escena en la que K atraviesa una pared a la carrera- y la evolución tecnológica que sigue usando recursos de la cinta original. Esta exploración no se detiene en el fanservice y llega a lo más interesante, más allá de Los Ángeles, donde se muestra la miseria del futuro, el crepúsculo de la vida en el planeta Tierra, anotado por Ridley Scott en los asfixiantes decorados de su película, y resaltado con mayúsculas en esta continuación, donde las corporaciones son las dueñas absolutas de la humanidad y de los esclavos que fabrican para asegurar su supervivencia.

Es imposible negarle toda la carga emotiva, sobre todo una vez se alcanza el último tercio de la cinta y el pescado está vendido para conducirnos a su único final posible, tanto para el espectador que ha visionado mil veces la original como para quien conoce lo justo de este universo y se acerca a esta entrega con la curiosidad de saberse partícipe de un evento comercial de alcance con amenaza de posibles continuaciones.

Lo que venga tras esta (si se atreven) será ya otra cosa; lo que sí es Blade Runner 2049 es un adiós muy triste a Harrison Ford, que va apagándose poco a poco y quiere dejar su pequeña huella en el cine actual. Creo que por eso, ya solo, vale la pena. Por muy doloroso que sea.

Así que, con honestidad; lo mejor: los aspectos formales y el alcance del debate de la existencia a las IAs. Lo peor: saberse secuela de una cinta de culto y tratar de quedar por encima junto a la retrocotinuidad que hacen con la historia de Deckard y Rachel. Meter a capón que Rick fue seleccionado para la misión de caza de los Nexus 6 por su compatibilidad con Rachel destruye toda la idea de libre albedrío sin intervención divina de la primera película.

2 comentarios:

Charlie Gurrupurru dijo...

Estoy contigo en que sería mejor película si no se esforzara tanto en ser secuela. A mí el tema que más me impactó fue todo el rollo de la IA complaciente (casi como a K, vaya cara ahí empapado en el puente) y me dejó una pregunta: ¿sería menos mala una IA que te tocara los cojones? :,)

Samu dijo...

Joi es un personaje muy jodido y complejo dentro de todas las caracter´ñisticas que se le atribuyen, por eso he escogido este fotograma.

parte de los debates que lanza la peli (y que estoy viendo en mis rrss, sobre todo en FB donde tengo mucha actividad con colegas cinéfilos y activistas) se están cenrando en la represebntaciñon y signifiocado de este personaje sin que lleguemos a un consenso claro.

Para mí ese plano resume toda la idea que hay detrás de la peli, (sin entrar a destrozar el argumento para quien no lo haya visto y los golpes de efceto)

K tiene cara de replicante, así que muy OK A K en esta peli. :P